Del discreto encanto del eufemismo en política cultural

Observar con cierto distanciamiento la evolución de las políticas culturales, es observar la evolución de una serie de conceptos y eufemismos que esconden valores que se van imponiendo de forma más o menos subliminal, más o menos sutil, hasta infiltrarse y presentable como ineludibles.

Así, el enaltecimiento de las industrias culturales y creativas desemboca fácilmente en la evaluación de la aportación de la cultura en términos de rentabilidad económica.  Y la necesidad de una industria cultural rentable requiere de emprendedores (no confundir con parados o trabajadores culturales intentando sobrevivir como puedan ante la debacle del sistema público cultural). Y de artistas empresarios (emprendedores, se sobreentiende) (suerte que fuimos previsores y empezamos por sustituir la ciudadanía por emprendeduría!). Y de asociaciones culturales convertidas en empresas con afán de rentabilidad (económica, por supuesto, cuál si no?), si no quieren ser percibidas como impulsoras de prácticas amateur (en principio no nocivas, incluso loables, pero dejémoslas a esos ciudadanos con una cierta sensibilidad e interés hacia la promoción de actividades culturales pero sin afán de lucro más allá de la simple supervivencia personal y de la cultura que promueven, no vayamos a confundirnos). Porque ya se sabe que una fórmula jurídica conlleva a menudo una ideología, una forma de entender las relaciones humanas, laborables y respecto al fruto de su actividad y respecto a su papel en la sociedad en la que se inserta. Y si hablamos de cosas serias, de aquellas de las que tiene que hacerse cargo la política cultural “de verdad”, hablamos de empresas e industrias solventes, capaces de extraer el máximo jugo de los productos culturales por ellas generados.

Accesibilidad, participación, creatividad, crecimiento y desarrollo personal y cosas similares, mejor las dejamos para ese tejido asociacionista y amateur, que de eso se trata, no?

Y cuando llega la fatídica hora de los recortes (uy, perdón, “reajustes”!) en los presupuestos públicos destinados a educación y cultura (disculpad deje un momento de lado los deportes, pero me distorsionan los presupuestos a los que quería hacer referencia),  no queda más remedio que ponerse guapos y esperar al mecenas cual escena de Bienvenido Mr Marshall. Lástima, ya volvió a pasar de largo… Quizá algún día le haremos entender que poner su nombre a un teatro puede redimirle de todos sus pecados (aunque, bien pensado, si ya tiene garantizada su amnistía fiscal, para qué molestarse?). Quizá incluso entienda que apoyar la creación emergente (esa promovida por creadores de cincuenta y tantos) con una apuesta comprometida ética y estéticamente, puede elevarle a la fama para generaciones futuras. O quizá esperando, esperando, resulte que sólo haya sobrevivido lo que las leyes darwinianas hayan rescatado: “productos” culturales claramente “rentables”, que hagan pensar y cuestionarse lo “justo y necesario”, y una parte de seres humanos que siguen entendiendo la cultura como gran parte de lo que da sentido a la vida en cuanto a algo más allá de simple ser vivo.

Al resto de trabajadores culturales que intenten desarrollar otro tipo de experiencias que puedan enriquecer el pensamiento y la mirada, y otras utopías insensatas sin importancia, se sobreentiende que en sus horas extras tras una jornada como camareros, porque, al fin y al cabo, trabajar por defender una cultura difícilmente rentable económicamente se hace “por amor al arte”, no? No vamos a permitir perpetuar la “dependencia” de esos artistas “parásitos” y ese “derroche” en cultura de los últimos años, más cuando “la sanidad y la educación están en peligro”.

…y no sé por qué a mí me viene ahora a la cabeza la tonadilla de “ahora que vamos despacio, ahora que vamos despacio, vamos a contar eufemismos y topicazos, tralalá…”

…pero será que soy una antigua (también en mis referencias musicales, ya véis) y romántica empedernida defensora de la cultura como deber y necesidad de primer grado para el desarrollo del ser humano como persona, qué le vamos a hacer!

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Acerca de delirandounpoco

...y me dio por delirar un poco... (suele pasar) ...la versión oficial? algo así como gestora, consultora, comunicadora cultural..., o algo parecido...
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2 respuestas a Del discreto encanto del eufemismo en política cultural

  1. Dani dijo:

    Felicitats per l’article, molt proper a la realitat, com suposo que estas.
    Els Eufemismes, son el primer pas per canviar els models. Primer es perverteix els significats amb petites modificacions conceptuals per després recolçar tot el discurs en els nous valors i continguts. Culura e industria? Des de quan un acte cultural o una expressió de la cultura va associada a la industria…
    Nous moviments de mercantilització d’aspectes tant importants com aquests. Quan ens sabiem les respostes, ens van començar a canviar les preguntes…
    Qui s’enrecorda encara de la llei OMNIBUS?

    • Mil gràcies, Dani! …i si és cert que les paraules conformen la realitat, sembla imprescindible estar atent als matissos que van modificant la seva percepció…
      …llei Omnibus, deies? 😉
      una abraçada!

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