Del espacio público como el lugar de la emoción compartida

Permitidme la desfachatez de escribir desde la simple emoción pura, indocumentada e irreflexiva, simplemente vivida. Al fin y al cabo un blog no es más que un diario personal escrito en voz alta…

A veces soy una inconsciente. Como cuando me pidieron participar en la Fira de Tàrrega, en una mesa sobre Comunicación y Artes de Calle y a mí se me ocurrió aceptar.

Supongo que llevada por el ímpetu de quien no puede ser en este caso más que una espectadora que puede aportar su visión visceral. Pero convencida de que  cultura no es más que pura comunicación y experimentación de experiencias compartidas (cognitivas, sensoriales o emocionales). Y de que la comunicación sin transmisión apasionada de convicciones y emociones, se convierte en pura reproducción, incapaz de dejar huella alguna.

Y porque como espectadora he sentido mil veces la necesidad de compartir toda la ternura, delicadeza, intensidad y pasión que me han regalado espectáculos de calle. Royal de Luxe, Antigua y Barbuda, Sarruga…y tantos de los que ni sé su nombre…

Un arte que no requiere de palcos ni plateas, que no necesita reclamar la atención del público para llenar salas, sino que sale a la calle para hacer vibrar a una ciudadanía en su espacio cotidiano, que le obliga a moverse, a correr, gritar. Un arte que lleva el “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma” grabado en su propio ADN. Acción directa, no un arte que espera, sino un arte que agrede, que provoca, en el mejor de los sentidos.

Un arte donde las distinciones recurrentes entre alta y baja cultura, excelencia y accesibilidad, profesionalidad y amateurismo, pierden sentido. Cultura popular en toda su plenitud.

“Arte total” por definición, donde se desmorona cualquier frontera entre disciplinas, donde todo se pone al servicio de generar experiencias únicas, sin más, donde cualquier clasificación resulta molesta (como en casi todo en la vida). Arte total y para todos.

Un arte que reivindica la recuperación de la calle como espacio público, ese espacio cuyo uso se ha ido restringiendo, acotando, privatizando e incluso criminalizando. Un arte que devuelve a la calle el sentido público del espacio público. Un espacio de convivencia, de interacción, de colaboración desinteresada, de emociones y reflexiones compartidas.

Como el espacio de la plaza digital, ese espacio público ciudadano generado desde la interacción directa y espontánea y la reivindicación de la libertad de expresión ciudadana. Espacio de redes de colaboración y comunidades emocionales que no entienden de jerarquías.

De ahí que, aunque pueda resultar paradójico, el trasvase continuo de la calle a la plaza digital, pueda ser clave para la expansión de un arte que lucha por defender el uso público de la calle y la posibilidad de participación ciudadana. Por que quién no ha sentido la necesidad de compartir sus emociones alguna vez?

A mí me sucede muy, muy a menudo…

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Acerca de delirandounpoco

...y me dio por delirar un poco... (suele pasar) ...la versión oficial? algo así como gestora, consultora, comunicadora cultural..., o algo parecido...
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3 respuestas a Del espacio público como el lugar de la emoción compartida

  1. Jose Carbonell dijo:

    Compartir emociones, ideas, vivencias, creatividad… la cultura nos da tanto que a veces la reafirmación de su complejidad nos hace alejarnos de su natural expresión, fruto del desarrollo, interación y expresión humana. Compartamos emociones!

  2. Rosa Comes dijo:

    Hola, Cristina,

    Llegit aquest post em venia contínuament al cap el projecte de La Pell de Llavi, que vam engegar a Tarragona el 2004 i que es va articular com una plataforma de joves creadors que sortien al carrer per expressar les emocions que la literatura, la poesia, els provocava, i omplien l’espai públic d’accions poètiques, posant en valor el present, les coses efímeres. Estàvem farts d’esperar la gent; sortien a buscar-la i funcionava!

    Ho vam poder crear des de l’administració municipal i l’èxit era que els ciutadans no es pensaven que fos una proposta de l’ajuntament, creien que sorgia de l’associacionisme… Curiosament, l’estructura anquilosada i poruga va considerar que això era contraproduent i, davant del risc, no va valorar l’emoció, la sensibilitat que es generava als carrers i va prioritzar la comoditat de programar “coses segures”. En va prescindir, potser perquè el carrer ens iguala.

    Una abraçada forta. El teu bloc és magnífic!
    Rosa

    • …quan la por a la pèrdua de control i la comoditat s’imposen a l’emoció compartida i espontània, tota expressió cultural i humana queda ofegada… Moltíssimes gràcies, Rosa, de veritat! Una abraçada enorme!

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