Nos permitimos pensar que la utopía es posible?

Quiero creer que hubo un día en el que lo público era realmente público. Un día en el que existían personas idealistas dispuestas a sacrificar gran parte de su vida y energías para dedicarse a trabajar para conseguir la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Quiero creer que existían. Sé que aún existen.

Hubo un día, no tan lejano, en el que el padre de un recién elegido alcalde le preguntó: “hijo, crees que nos lo podemos permitir?”. Era un hombre idealista y responsable pero humilde, y ser alcalde suponía entonces un gasto importante para su economía familiar. Me lo contaron de niña, se me quedó grabado para siempre.

Leo las noticias. No pasa un día sin que oiga oír hablar de crisis, restricciones económicas, ajustarse el cinturón, recortes indispensables de derechos fundamentales como la salud, la educación, la cultura. No pasa un día sin que conozca un nuevo caso de familiar de cargo político beneficiado por la crisis.

Creo firmemente en la política, y creo firmemente en personas que han dejado de lado parcelas importantes de su vida para defender unos ideales. He visto a los más honrados desistir, desesperados ante obligaciones impuestas por dinámicas partidistas.

A veces la etimología es necesaria. Como para recordar que democracia significa poder del pueblo. Demasiado importante como para que ese poder se limite a introducir una papeleta en una urna cada cuatro años, confiando en los principios reflejados en un programa electoral. Un programa que podrá ser modificado y ninguneado al 100% durante esos cuatro años, como cheque en blanco tendido sin posibilidad de rechistar. Unos gobernantes que adquieren la responsabilidad de gestionar el bien público a menudo desde una minoría de representación social, y con alianzas que incluso contradicen la voluntad de quienes les votaron. Democracia no es acallar la voz y voluntad de la ciudadanía, no es impedir y castigar su protesta.

Gestionar el bien público no implica necesariamente tener conciencia pública. Como es posible gestionar el bien público con voluntad pública desde la iniciativa privada, sea empresarial, como asociativa e individual.

Estoy convencida de que no existen instituciones abstractas e inalterables, sino personas concretas que gestionan instituciones. Y de que no existen leyes inamovibles, sino personas concretas que las promueven y redactan, personas que las aprueban. Personas con valores, ideologías, principios, capacidades e incapacidades…  Y sólo desde esa conciencia es posible, y ahora imprescindible, reapropiarse de todo el significado de la palabra democracia.

Vimos crecer un mapa de equipamientos culturales sin analizar a menudo antes las necesidades sociales reales. No rechistamos entonces, quizá murmuramos en pequeños corrillos que quizá alguno no tenía mucho sentido. Quizá fuimos cómplices entonces por no levantar más la voz cuando fue necesario.

Pero ahora no nos podemos permitir seguir susurrando. Aquello que quede desmantelado ahora, quizá no se recupere en décadas. Como no nos podemos permitir que instituciones públicas y equipamientos culturales públicos sean dirigidos sin responsabilidad e intencionalidad pública. Exploremos  formatos,  modelos de gestión, busquemos nuevas fórmulas… Desde la escucha, desde la suma de capacidades.  Instituciones públicas, empresas privadas, asociaciones, ciudadanos… Nos permitimos pensar que la utopía es posible? Recuperemos la noción pública de las entidades culturales. No nos podemos permitir el lujo de ceder en silencio la responsabilidad de lo público en manos de personas con intereses privados. Ahora no.

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Acerca de delirandounpoco

...y me dio por delirar un poco... (suele pasar) ...la versión oficial? algo así como gestora, consultora, comunicadora cultural..., o algo parecido...
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4 respuestas a Nos permitimos pensar que la utopía es posible?

  1. Antonio dijo:

    Perseguir la utopía; el esfuerzo de toda una vida sin llegar a disfrutarla. Me gusta ese tono idealista asexual, sin género. Me indica el objetivo tan amplio de la justicia social que deseas. Si se cumpliera, dejaría de ser utopía.Muy buena razón, para seguir viviendo. Saludos.

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