en agradecimiento a las librerías de mi vida

A veces una necesita escribir de puro agradecimiento. Como el que siento hacia todas esas librerías que han formado parte de mi vida. Miro hacia atrás y de pronto tomo conciencia de que cada etapa de mi vida ha estado íntimamente ligada a una librería. Una librería que un buen día irrumpía en mi paisaje cotidiano hasta llegar a conocer cada pequeño rincón, a la que recorría con la mirada, con los dedos, con profundo respeto, tímida, curiosa, invadida por una mezcla de ilusión y nerviosismo. Lomos, títulos de esos de aplaudir, ese tacto delicioso, ese olor a papel, tinta, imprenta, esa portada que te pide llévame conmigo, ahora, este texto en la contraportada al que nadie en su sano juicio se podría resistir.

 

Esa niña impaciente por llevarse a casa el nuevo Alfaguara de la semana, ese de lomo naranja primero, rojo después. Esa inmensa decepción cuando aún no había salido ninguno nuevo. Enojo, diría incluso. Una librería llena de luz, como la que imaginaba salían de sus libros. No podía ser de otro modo.

 

De adolescente una librería atiborrada y semisubterránea. De esas en las que seguro, seguro se esconden libros clandestinos. A saber qué tipo de clandestinidad, pero clandestinos, seguro. …y tremendamente estupendos todos, por supuesto! Libros que requieren un poco más de esfuerzo, cosa que te tomas como un excitante y precioso reto. Sin haber leído muchos de esos libros seguro que jamás, jamás podrás hacerte mayor y relacionarte con adultos. Estás totalmente convencida. Tu hermano mayor te lo confirma.

 

De estudiante empieza el horror. Miles de libros por leer, obligatoriamente (siempre feo). Muchos de ellos llenos de imágenes en color, caríiiisimos, o bien descatalogados desde el año del diluvio. Empieza tu ocupación intensa de bibliotecas. Recuerdos de tardes en el suelo con libros abiertos, haciendo cola para lograr ese único ejemplar que toda la clase reclama. Entran en mi vida las librerías de referencia universitaria. Frías, perfectamente catalogadas, absolutamente impersonales y desprovistas de magia. Pero útiles, muy útiles.

 

Pero siempre queda lugar para esas librerías oasis. Esas en las que te perderías horas sólo por el placer de imaginar tras sus títulos y portadas. Esas en las que tienes que hacer un esfuerzo de autocontrol titánico para no arrasar con las estanterías y con tu economía. Librerías llenas de calma en una ciudad que ni mira. Que invitan a esconderte. Lugares donde parar el reloj por un momento. De donde saldrás con una compañía cuidadosamente elegida para ti misma, o para tus seres más queridos.

 

Lugares para dedicar o dedicarse mimos, con cariño y sin prisa. Un día entró en mi vida una librería diminuta, atiborrada de pilas de libros desafiando las leyes de la gravedad. Por donde desplazarse requería delicadeza y equilibrio. Pero que prometía horas y horas de lecturas imprescindibles. Donde el tiempo parecía haberse detenido, acogedor, íntimo. Lleno de amor por los libros, lleno de paz en la ajetreada y atiborrada ciudad.

 

Imagen

Hay quien anuncia el apocalíptico fin de los libros impresos y de las librerías. Hay quien me tacha de antigua por aferrarme a mis libros. Hay quien reclama el fin de los intermediarios.

 

…a mí me resulta tan tremendamente gris, tan insoportable una ciudad sin mis librerías queridas… Gracias a todas ellas, y a los editores que han apostado por autores dejándose la piel en ello, a los libreros que seleccionan minuciosamente a quienes nos regalarán horas de compañía preciosa, de sacudida mental…, imprescindibles. Gracias.

 

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Acerca de delirandounpoco

...y me dio por delirar un poco... (suele pasar) ...la versión oficial? algo así como gestora, consultora, comunicadora cultural..., o algo parecido...
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7 respuestas a en agradecimiento a las librerías de mi vida

  1. lenademar dijo:

    Preciós homenatge als libres i a l’amor…

  2. cinetfaro dijo:

    En 1983 se estrenó una película llamada Heller Whan (Locura de mujer) de la directora alemana Margarethe von Trotta. Recuerdo (con envidia en aquellos años) cuando el personaje interpretado por Hanna Schygulla salía de una librería con dos bolsas de papel llenas de libros… Soñé con poder hacerlo alguna vez… Ese día llegó, y en verdad pocas cosas producen tanta felicidad. Comparto tu reflexión y te agradezco que la hayas escrito.

  3. missnokia dijo:

    Molt bonic article sobre l’amor als llibres i, sobretot, al que contenen. Tots tenim aquest historial de llibreries on hem passat i passem hores. Llocs màgics que ens han donat les eines per créixer. Saps què penso sobre com acabarà tot això, però és una bola de vidre, no un pou dels desitjos. Vaig estudiar filologia perquè adorava els llibres i pensava que bibliotecària no era suficient. Vaig voler ser editora per difondre les meves lectures preferides. Vaig somniar amb les amigues en tenir una llibreria petita. Són records que sempre formaran part de mi. Gràcies, bonica.

    • …si els llibres formen part dels records i dels somnis, potser és cert que la cultura no és un luxe… Per sort jo mai he cregut gaire en les boles de vidre, prefereixo deixar-me anar i lluitar pels desitjos…
      moltíssimes gràcies a tu, de veritat

  4. Pingback: EN AGRADECIMIENTO A LAS LIBRERÍAS DE MI VIDA | Cristina Riera | Urban Living Lab

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