Apartad de mí los números, hablamos de cultura, hablamos de personas

Se acerca final de año, y con él las listas de lo mejor del año, las memorias e indicadores y más indicadores cuantitativos para justificar los proyectos realizados… Como si acercara el fin del mundo, como si los indicadores cuantitativos fueran definitivos para evaluar el interés social de las propuestas culturales. Pero aquí estamos, un año más rellenando formularios y tablas numéricas. Y yo respondiendo a cuestionarios sobre los eventos e instituciones culturales más destacados del año a nivel cultural, sintiéndome una vez más una impostora. ¿Quién soy yo para juzgar algo así, si suficiente trabajo tengo para intentar tirar adelante algunas de las propuestas culturales de la ciudad como para que la vida me dé para asistir a muchas más…? Pero un año más vuelvo a participar para intentar poner en el mapa propuestas más pequeñas e invisibles que sé que de otro modo difícilmente aparecerán.

Porque si algo tengo cada vez más claro es que las que para mí resultan verdaderamente imprescindibles, las que siento que me alimentan como persona,  suelen ser propuestas de apariencia humilde, pero comprometidas, honestas, rigurosas, libres, cuidadas y cuidadosas, hechas con sinceridad, convicción, corazón y generosidad. Propuestas que me permiten cuestionarme, reflexionar desde lugares imprevistos, revisar mi mirada, removerme desde muy profundo por lo que tienen de verdad, sonreír de ternura, conmoverme de tanta belleza, descubrir nuevos modos de jugar,  disfrutar del sentimiento de comunidad que genera compartir algo especial, romper por un rato los esquemas de lo previsto, los tiempos y los modos de relacionarnos para regalarnos un momento para nosotros. Porque los seres humanos somos capaces de algo mucho más bello y verdadero de lo que nos quieren hacer creer, de lo que nos quieren hacer olvidar. Resulta mucho más productivo para el sistema reducirnos a consumidores pasivos de productos globales uniformes, incapaces de reflexionar ni cuestionar nada. Pero necesitamos espacios que nos permitan abrir ventanas a lo imprevisto, para que corra el aire, para ampliar los posibles.

Si hago repaso de las cosas que me han podido interesar más este año, son cosas menudas, a las que apenas habrán asistido 50 – 200 personas. Pero de las que he salido de algún modo transformada y  sé que me acompañarán durante mucho tiempo. Pero pienso en ellas y sufro al imaginarlas obligadas a rendir cuentas a las instituciones que las apoyan basándose en criterios numéricos, y en la impotencia en la que se encontrarán para intentar explicar que su valor se encuentra mucho más allá. Que es un valor intangible, pero muy profundo, y cuyos efectos probablemente serán duraderos, o quizá se entenderán más adelante. ¿Cómo traducir en absurdos números vivencias que te conmueven tan por completo como Touching Community, de Aimar Pérez Galí, o las mil posibilidades creativas que nos ha regalado el ciclo Hacer Historias de La Poderosa, o la delicia inclasificable de Orquestina de Pigmeos, o aquellos instantes mágicos en los que ves que algo ha tocado de verdad y para siempre a un adolescente participante de una iniciativa como En Residencia? ¡Apartad de mí los números, hablamos de nosotros, hablamos de personas!

Si pienso en experiencias en las que he colaborado de forma activa, como L’Alternativa, ninguna de las reacciones de las que más feliz me han hecho porque mejor reflejan lo que intentamos hacer, sería reducible a un factor numérico. Os dejo algunos comentarios recibidos este año o el año pasado, sin ninguna intención de autobombo, sólo como ejemplos de primera mano. Pero algunas de los que más me alegran han sido personas que han agradecido que se respete su inteligencia como espectadores, críticos que celebran la coherencia sin las habituales concesiones, autores a los que respeto mucho diciendo que ver películas en l’Alternativa les ha posibilitado hacer un cine muy diferente, que autores a los que apoyamos en sus inicios tengan ahora una carrera ya sólida, que películas invisibles que tuvimos el honor de presentar, se encuentren años después entre las favoritas de la década, que algunas de las películas o encuentros hayan permitido reflexionar sobre temas que nos atraviesan, y que los asistentes disfruten de un momento juntos. Como véis, ni un solo número en nada de todo esto. O en el centro de creación en el que trabajo, La Caldera, una de las cosas más valoradas es el respeto y cuidado con el que han sido tratados, o experiencias como el Brut Nature, un espacio de comunidad de intercambio de preguntas y prácticas, abierto y generoso, sin producto final pero sí un importante impacto en su proceso creativo y en la generación de complicidades. O Descomunal, una invitación a pasar un día juntos, abierta a todo el mundo, sin expectativas más allá del disfrutar y celebrar estar juntos (Encontrarnos, juntarnos, animarnos, nutrirnos, sentirnos, pensarnos, calmarnos, ensuciarnos, sudarnos, respirarnos, soñarnos, festejarnos, afectarnos, bailarnos…). No, no hablamos de números.

Hace poco falleció nuestro querido Abu Ali, Toni Serra, uno de los directores y fundadores de OVNI. Un referente indiscutible para muchos de nosotros, por su capacidad de ofrecer espacios cuidados de construcción de comunidad que combinaban la poesía con un posicionamiento y activismo radical, que nos obligaba a revisar nuestra mirada y a cuestionarnos nuestra forma de vida, dando voz a los silenciados, visibilidad a los invisibilizados. Desde la honestidad y coherencia entre vida y acción, y siempre con el amor hacia los demás y hacia la vida por delante de todo. Para mí sería una profunda vergüenza  intentar reducir a cifras numéricas lo mucho que ha supuesto para mí OVNI y el impacto que ha dejado en mí y en tanta gente la capacidad transformadora del compromiso ético y estético y del amor sincero de alguien como Abu Ali. Un impacto aparentemente invisible pero verdadero y profundo.

También este año nos dejó nuestra preciosa Araceli Corbo. Muchos de nosotros no hemos tenido aún la oportunidad de conocer el MUSAC. Pero si alguien ha dejado huella en el MUSAC ha sido Araceli, por su increíble capacidad por tejer redes y crear comunidad desde la generosidad, el respeto y el cariño infinitos. No tengo ni idea de cuántos visitantes al año tiene el MUSAC, ni me importa lo más mínimo. Si me hubiera encantado visitar el MUSAC no hubiera sido por sus exposiciones, si no por compartir un precioso momento con Araceli, una de esas personas que hacen la vida más bella y una muestra más de cómo entender la cultura.

O confiamos en la capacidad transformadora real de los humanos y de la cultura, o estamos decididamente muy perdidos. Y no, no hay número capaz de encerrar la experiencia humana, nuestro último espacio de resistencia posible.

…siento tener que dejaros, tengo que volver a rellenar formularios ❤

Gracias a Abu Ali por la imagen y por seguirnos abriendo puertas: Sol de medianoche “Quizá es por eso que en plena oscuridad de la noche puede contemplar la belleza de una flor.”

sol de medianoche

 

 

 

 

Acerca de delirandounpoco

...y me dio por delirar un poco... (suele pasar) ...la versión oficial? algo así como gestora, consultora, comunicadora cultural..., o algo parecido...
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