Hasta la muerte nos han robado

Hace unos días tuve que regresar a uno de esos lugares fabricados para comerciar con nuestro adiós y con nuestro dolor más profundo. Arquitecturas lúgubres para muertes en serie, despedidas en serie, palabras y músicas a la carta, flores a la carta, y ruinas familiares a la carta. En una sociedad en la que se la vida se compartimenta en segmentos de consumidores perfectamente controlables, donde los niños, ancianos y enfermos son un estorbo para la productividad, la eterna juventud en cuerpos impolutos y prefabricados es el ideal al que aspirar y la vejez algo a que apartar, la muerte se convierte en un negocio infalible, el último bastión de un capitalismo sin escrúpulos. ¿Quién es capaz de cuestionar nada cuando apenas es capaz de sostenerse en pie, cuando parece no haber más opción que resignarse y dejarse llevar?

Aún recuerdo mi primera vez. Apenas conocía a la difunta, pero no pude dejar de llorar desconsolada de tristeza, rabia e impotencia ante la crueldad de despedirla así de este mundo. Hace unos días volví a asistir a otra de esas ceremonias en las que reconoces las músicas, los gestos, los tonos, las mismas frases hechas. Entonces mi amigo con voz sosegada y tranquila pero firme salió para recordar a su madre. Tozuda, dura, una mujer de carne y hueso, que amó como supo. Habló de un amor puro y verdadero, aunque no respondiera a la forma de amor contemplada en el guión. No hubiera querido estar en el lugar de la maestra de ceremonias. Fue una bofetada de realidad llena de amor. Yo hice un esfuerzo titánico para no saltar a llenarlo de aplausos, besos y abrazos de orgullo.

Hoy encuentro una reivindicación poética y llena de vida de la muerte que nos han robado de la mano de Marc Sempere “Perdre el vetlatori és perdre una gran batalla, és perdre la mort.” @Telegustet y de Elena Fraj “Morir, lo no previsto”  @lajele. Ellos lo explican mucho mejor que yo. No conocía a Esther ni a Pablo Molano, pero gracias por devolverle la vida en su despedida.

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Barris en Dansa

“Imagina un lloc on moltes persones desconegudes s’uneixen per crear conjuntament una peça artística on el més important són elles mateixes. Les seves vivències, el què senten. Aquí ningú era més que l’altre, cadascú alliberava del cos les seves més mervelloses virtuts. Les mostrava al món, un món que desde fora podia captar la màgia que voleiava per l’escenari, i aquest les escoltava. Perquè és això dansaires, hem aconseguit sense adonar-nos crear una lliçó de vida. Ja no existeixen els prejudicis, s’esfuma l’egoisme, la llàstima, el despreci. Res d’això té cabuda al nostre petit univers.Hem crescut a passes de gegant. Els més petits afrontaran el camí amb una altra mirada, els més grans rectificaran i donaran la volta a les situacions.” (Aida)

…mientras algunos nos llenamos la boca de activismo de sofá, otros se debilitan entre luchas y postureos, se disputan butacas mientras muestran sin pudor su desvergüenza, nos roban los derechos y el mercado marca las reglas del juego, en la calle la vida real sigue. Los “nadie” siguen construyendo y sosteniendo el mundo y nuestro “nosotros” de forma invisible y silenciosa entre el barullo ensordecedor en el que pretenden perdernos.

Barris en Dansa

Desde hace ya unos años, Alvaro de la Peña provoca encuentros entre personas de diferentes barrios de la ciudad. Personas diversas, sin importar procedencia, edad o condición. Personas libres y abiertas. El objetivo aparente, crear juntos una pieza que se presentará en diferentes barrios y teatros de la ciudad. El resultado, una comunidad de personas que poco a poco aprenden a liberarse de etiquetas, de prejuicios, a expresarse libremente, a crear complicidades, a quererse y a querer. “No es un proyecto inclusivo, aquí estamos todos incluidos.” “Un proyecto para gente inocente” en un mundo donde la inocencia es rechazada. Un lugar donde los egos y los miedos no tienen cabida, sólo el respeto, el cariño y la emoción compartida y sincera. Un espacio donde explorarse y descubrir lo más escondido de uno mismo, y ayudar al otro a hacer brillar lo mejor de sí. Donde aprender a vivir y a crecer juntos, lleno de sonrisas cómplices y felices, donde sorprenderse y dejarse sorprender. Regalarse y regalarnos un momento de vida llena de alegría contagiosa e indestructible. “Transmitir emoción es fácil cuando te llenan tanto.”
Poco a poco van tejiendo a partir de sus búsquedas, reconociendo la riqueza de sus diferencias, aquello que cada uno tiene de único y mágico. Encontrando entre todos el lugar de cada uno para construir juntos un movimiento imparable. Libres, sin complejos, sin miedos, sin límites.
Y así van tejiendo comunidad, una gran familia, un entorno en el que crecer juntos sin prejuicios y desde el cariño compartido. Desde la fuerza de la confianza ciega en el otro, en el nosotros que han construido juntos.
Fuera la vida sigue su ritmo absurdo y ciego donde las emociones y los cuidados son un estorbo. En su interior un pedazo de vida pura y un nosotros que nadie les va a poder quitar, que nadie nos va a poder quitar.Gracias a todos por tanto.

“Barris en dansa, famílies en dansa, amics en dansa, la societat dansa i quan dansa no hi ha qui els pari.” (Alfons)

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(foto de Alfons Sánchez)

para seguir más de cerca el proyecto, Barris en Dansa en Facebook

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¿cómo interiorizar la experiencia cuando te empuja la corriente?

A veces simples esbozos de conversaciones se entrelazan, y pasas de recordar quién te invitó a leer ese estupendo libro que desde entonces te acompaña a quién te llenó de magia la visita a un museo …y un agradecimiento: siempre hay una persona admirada y querida y un momento de dedicación personalizada tras cada “experiencia cultural” que realmente recuerdo como especial.

Anoche @Bagdadcafebcn me recordaba esta entrevista a Borja-Villel, en la que, en un contexto de máxima contradicción personal ante la exposición dedicada a Dalí en el Reina Sofía, lamentaba la “conversión del público en una masa “sumisa”, adoradora de líderes y dioses, cuyos “actos tienden a la sumisión, no a la emancipación.”

En los últimos tiempos hemos visto rebrotar con fuerza exposiciones retrospectivas de grandes clásicos de ayer y hoy, carteles de festivales musicales dominados por aquellos grupos que te hacen sentir eternamente joven… Éxitos numéricos asegurados para tiempos de crisis en los que las ayudas públicas menguan y la taquilla y los patrocinadores mandan. Malos tiempos para la experimentación, el riesgo, la investigación y la reflexión en las grandes instituciones y eventos. Dejad paso al Capital. Dejad que las masas se acerquen a mí.

…y de pronto me encuentro viajando a mi adolescencia. Llego a casa entusiasmada tras  una sesión del curso sobre Velázquez al que me he apuntado. Taladro a mi padre con todos mis aprendizajes del día, impaciente por compartirlos con él. Mi padre sonríe mientras escucha paciente.

Poco después se inaugura la gran exposición retrospectiva sobre Velázquez en El Prado, una de las primeras grandes exposiciones para masas, que “será vista por 800.000 espectadores…” rezan los titulares. Mis padres deciden que es importante que pueda disfrutar en vivo de lo que estoy estudiando. Yo no quepo en mí de agradecimiento y alegría ante su generosidad y esfuerzo.

Salimos casi de madrugada para llegar a primera hora a El Prado. Ni así logramos esquivar la imposible cola que rodea el museo. Mis padres deciden que ni tiene sentido esperar tanto tiempo si difícilmente la vamos a poder disfrutar con tanta gente. De todos modos la mayor parte de los cuadros están permanentemente en El Prado, me dicen para tratar de consolarme. A regañadientes acepto a visitar primero el resto del museo y en todo caso reintentar más tarde.

25 años más tarde soy prácticamente incapaz de recordar mi visita a las salas de Velázquez. Sólo alguna imagen vaga torturando a mis padres con mis seguro que torpísimas pero entusiastas explicaciones sobre la perspectiva aérea, los juegos de miradas… pobres…

De lo que sí me acuerdo, con una intensidad punzante que me invade y remueve cada vez que regreso a ellas, es del escalofrío de descubrir la emoción pura que llenaba de brillo los ojos de mi padre frente a las pinturas negras de Goya. Yo, por respeto, observándole casi de reojo, pero llena de admiración y felicidad silenciosa, intuyendo que era uno de esos momentos mágicos que se quedarían para siempre conmigo. Mientras el gentío abarrotaba las salas de Velázquez, mi padre y yo vivíamos ese pequeño pero eterno momento íntimo y tranquilo entre pinturas negras.

Años más tarde, cuando veo (y sufro) colas interminables para acceder a exposiciones o conciertos en los que será materialmente imposible disfrutar de nada con un mínimo de sentido, me pregunto si son movidos por una necesidad imperiosa de vivir una experiencia realmente única (en ese caso sufro por la posible decepción), o bien han quedado atrapados por el poder de la comunicación y del imán del “efecto cola” (ese “gente atrae gente”), o quizá son empujados por una especie de necesidad de autoafirmación de identidad, ese sentimiento de pertenencia tribal, ese formar parte de a partir de la presencia compartida, ese “yo también estuve allí”.

Hay que ver qué bien sienta la era del selfie al maquillaje de conciencia de las grandes corporaciones a partir de propuestas culturales legitimadas a peso… Pero ¿cómo profundizar e interiorizar la experiencia cuando te empuja la corriente?

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p.d. perdón, creo que simplemente necesitaba agradecer a todas aquellas personas que me han dedicado un momento de calma para regalarme experiencias preciosas que dan color a la vida.

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esta es una declaración de amor

esta es una declaración de amor, esperanza y orgullo. Sonará pomposo y cursi, me da exactamente igual.
“¿Cómo reaccionará gente tan joven, de otra región y lejana a la problemática minera?”, me preguntaba Marcos Merino, director de ReMine, antes de empezar la proyección en L’Alternativa. …emocionados y aplaudiendo apasionadamente, y yo con escalofríos de emoción al verlos.
Porque serán jóvenes de una ciudad lejana a Asturias, difícilmente tendrán experiencias cercanas a la minería, pero son muy capaces de estremecerse y aplaudir ante la dignidad y el ejemplo de la lucha colectiva de trabajadores defendiendo sus derechos y su futuro. Porque es la lucha de un “nosotros” ante la explotación de unos pocos. Y a mí se me llena el corazón de esperanza y orgullo ajeno, y rompería a aplaudirles a todos.
Compartir unos días al año con personas inquietas, que no se conforman  con relatos lineales y controlados; que son capaces de dejarse llevar y apreciar los resultados de apuestas y búsquedas personales a veces imperfectas, a veces pequeñas joyas, pero siempre comprometidas con la libertad expresiva, con la ampliación de perspectivas, me llena de esperanza y alegría.
Gracias, de verdad.

byebyeALT

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porque barrio no es un concepto geográfico

Esos lugares de la ciudad donde refugiarte de las prisas de la calle, donde ralentizar el ritmo para recuperar el tiempo necesario para dejarte llevar, de explorar sin objetivo necesario, de perderte en el puro placer de la conversación, de enriquecerte con la simple escucha, donde sabes que alguien está dispuesto a escucharte a ti…. Esos espacios de referencia en la ciudad a los que te agarras para dibujar tu propia identidad. Esos portales en los que sabes encontrarás la seguridad y el cuidado del cariño del día a día. Esos puntos que crean el mapa de tu ciudad personal, de tu ciudad emocional… Porque barrio no es un concepto abstracto, una simple delimitación cartográfica, sino una suma de emociones y vivencias compartidas, un intercambio de sonrisas y de buenos días.

Jamás seré capaz de sentirme en casa en un no lugar. Y no me resigno a que la presión neoliberal desaloje a los ciudadanos de su propia ciudad, a que borre los puntos de referencia de su ciudad emocional. A que los intereses puntuales de una minoría arrasen para siempre con la identidad de la ciudad. Ellos marcharán, pero la ciudad jamás volverá. Nadie logrará hacerme creer que es progreso convertir la ciudad en un lugar sin alma.

La Llibreria Sant Jordi fue uno de los primeros lugares que me ofrecieron refugio y calor al llegar a la ciudad. Me niego a dejar que muera sin luchar por ella.

Hace una semana empezamos a recoger firmas para tratar de salvar la librería de una legislación y de una dinámica que deja la ciudad en manos de un mercado neoliberal desenfrenado, que arrasa con nuestro patrimonio, con nuestros espacios emocionales, que destruye la diversidad necesaria para hacer habitable la ciudad. La respuesta recibida nos hace entender que no estamos solos, que es la lucha de un “nosotros” que se siente desplazado. Gracias, muchísimas gracias por todo vuestro apoyo. Nadie jamás podrá quitarnos el regalo de vuestro calor. Seguiremos luchando hasta que podamos.

Si queréis mostrar vuestro apoyo #suportStJordi aquí podéis dejar vuestras firmas y comentarios. Muchísimas gracias.

srjoanfilmacio

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Menos emprendeduría y más ideología

Error de título…, como si el concepto emprendeduría no estuviera cargado de ideología.

Nos encontramos un grupo de gente en la Universidad de Huelva, invitados por la Universidad de Cádiz con motivo del Seminario Internacional del Observatorio Cultural del proyecto Atalaya para debatir sobre “Formación y gestión cultural.”

Un pensamiento compartido: “para qué”. Como bien apuntaba Fátima Anllo, recordando al gato de Cheshire, al plantearnos cómo deberían enfocarse los estudios de gestión cultural, si no sabemos hacia dónde queremos ir, qué más da qué camino tomemos.
En un momento en el que el discurso de las industrias culturales parecía por fin ser puesto en evidencia, cuando parecía ya asumido que no pasamos de manufacturas artesanas (decía un día @idealibros) que requieren ser subvencionadas para sobrevivir, y cuando sólo ciertos estamentos se aferraban a la idea de industria como supuesta legitimación del papel de la cultura y como a su última tabla de salvación en mitad del naufragio, cuando parecía que por fin no quedaría más remedio que devolver a las personas y a la cultura el papel que le corresponde, ataca con fuerza el concepto del emprendedor cultural. De pronto el gestor cultural se convierte en emprendedor cultural. Emprendedor a la fuerza, porque el paro se le terminó, porque nunca tuvo derecho a él, porque las instituciones públicas cerraron sus puertas y porque las empresas tienen carta blanca para imponer condiciones inhumanas. Emprendedores empujados a tratar de cubrir los servicios que dejaron de ofrecer las instituciones públicas. Emprendedores cómplices del desmantelamiento del servicio público o de ciudades convertidas en “smart cities” para “start ups” “emprendiendo” en “coworkings” y “viveros empresariales”. Emprendedores lanzados de nuevo al neoliberal mundo de la competición individual entre marcas, ahora personales, y que serán responsables de sus fracasos, cuando las condiciones del entorno hagan inviable sobrevivir de su trabajo. Y trabajadores culturales que también serán acusados de parásitos sin ambición si no se suben al carro de la emprendeduría. El brillante “timo del emprendedor cultural”, como explicaron ya mucho más lúcidamente Jaron Rowan y Rubén Martínez.

Como decía en Huelva Juan José Téllez, “estamos viviendo la privatización de lo que creímos imprivatizable. Lo público se ha ido adelgazando y la institución pública sometida al capricho del mercado. Del imaginario de necesidad de conocimiento como derecho democrático hemos pasado a un humanismo sujeto a las reglas del mercado. Corren malos tiempos para las humanidades. Bienvenidos al libre mercado.”

Y frente a ello, un tejido de trabajadores culturales que ya no saben si sentirse parte de la resistencia que lucha por defender a contracorriente y a la desesperada el papel de la institución pública y el derecho a la cultura pública, si sentirse cómplices por seguir tirando adelante proyectos que sin autoexplotación no podrían sobrevivir, si desistir de vivir de su trabajo, o incluso cuestionándose si tiene sentido su trabajo.

Como recordaba José Lebrero, “los procesos de duelo son una cosa seria que se iniciar por una fase de desconcierto, seguida de rabia, inseguridad, falta de autoestima, fase de desesperanza (“nuestro ser querido no volverá” “esto no volverá”) y finalmente una fase de reorganización de la propia experiencia, avanzando en la reconstrucción y en la búsqueda de nuevos significados.” Probablemente muchos de nosotros hemos vivido varias de estas fases ante la caída de principios que creímos inamovibles, o no tenemos claro en qué momento nos encontramos. Si asumir el duelo o batirnos en duelo, ante la caída de nuestros derechos y del bien público. Pero sin duda alguna es momento de revisar y replantear cuál debería ser nuestra función, y a partir de ahí reformular también la formación necesaria.

Y alzando su voz, una ciudadanía a la que el discurso de que “la cultura no es un lujo”, cuando se la ha relegado a un papel de consumidor masivo pasivo de productos resultantes de las industrias culturales, miembro de un rebaño computado en aras de una supuesta legitimidad cuantificable y a corto plazo, y de sufridor de estrategias de ciudad en los que forma parte del decorado, le resulta más bien lejano, si no directamente cínico.

…¿cuál puede y debe ser el papel del gestor cultural en este contexto? A mí siempre me quedó muy lejano el concepto de gestora, jamás logré identificarme con una etiqueta que adopté por defecto, por pura comodidad, supongo, pero que siempre estuvo cargada de una clara connotación economicista. Pero las palabras construyen realidades, y cuando la realidad entra en crisis, es el momento de cuestionar y reconstruir su sentido. De gestores a sugestores, a mediadores (no entendido como herramienta de neutralización de conflictos, sino como facilitador de diálogos), a activadores, a provocadores, a facilitadores, a posibilitadores…

Decía Fernando Vicario que en Latinoamérica entienden que el gestor cultural tiene que dedicarse a cómo se dialogan los disensos, porque los consensos ya se gestionan solos.

Una formación de gestión cultural en la que se asuman el conflicto y el disenso como parte inherente, imprescindible y enriquecedora de la vida en comunidad. Una formación que fomente el cuestionar lo aparentemente incuestionable, el pensamiento crítico ante la imposición de ciertos valores y dinámicas, y la corresponsabilidad del gestor cultural en la legitimación de determinados procesos. Una formación que devuelva la importancia de la utopía. “La cultura es una arma cargada de futuro”…, ¿pero con qué futuro queremos cargarla? Ya desde el inicio de la crisis quedó claro que no se trataba tanto de una crisis económica como de una crisis de valores. Y toda gestión refleja unos determinados valores, una ideología, una forma de entender la vida y sus prioridades, las relaciones, los derechos y las responsabilidades. “Hay que liberar a la gestión de ideología”, como si la presunción de la posibilidad de una gestión objetiva no estuviera impregnada de ideología. ¿Qué transmitimos a través de una gestión “impecable” desde una perspectiva economicista, si con ella reafirmamos la idea de “quien paga manda”? ¿Si tanto da si se priva de sus derechos a los ciudadanos para poner alfombra roja a la opulencia presuntuosa y de procedencia como poco dudosa? ¿si no importa vender el alma de los proyectos, los ciudades y sus ciudadanos si los números resultan satisfactorios, por supuesto sin preguntarnos para quién?

Una gestión comprometida y responsable. Una formación con menos gestión y más ideología.

Y una gestión con menos eficiencia y más pasión. Porque si hablamos de cultura hablamos de comunicación entre personas, de emociones, de relaciones, de pensamientos… Y para todo ello nada más eficiente que la pasión, el cariño, la cercanía, la ilusión, el diálogo y la reflexión compartida. No hay futuro posible sin cuestionar y construir desde el presente. La ciudadanía ya ha empezado a despertar y a salir a la calle a reclamar su derecho a decidir y construir su futuro y su forma de entender la cultura y la vida en comunidad. Es el momento de escuchar y arremangarse.

…¿qué me llevo yo de Huelva? La reconfortante sensación de compartir visiones entre “gestores culturales” de diferentes generaciones y posiciones, la escucha atenta y llena de mutua curiosidad cuando ya no la esperas, preocupaciones, ilusiones y convicciones compartidas, el  placer de aprender sin querer dejar perder una palabra… Y el recordar que no hay nada más “eficaz”  que un bonito, sabio y sencillo relato, cargado de contenido valioso y transmitido sin pretensiones, como bien nos recordaron con el ejemplo en Huelva,… y que el día que pueda abandonar los power point, los prezi y otros comodines, y que menos es más, quizá habré aprendido algo…, mientras tanto aquí dejo sonrojada algunas de mis notas de apoyo, por si a alguien le pueden interesar.

<div style=”margin-bottom:5px”> <strong> <a href=”https://www.slideshare.net/CristinaRieraJaume/necesidades-formativas-actuales-y-futuras-de-la-gestin-huelva-def-copia&#8221; title=”Necesidades formativas actuales y futuras de la gestión huelva def copia” target=”_blank”>Necesidades formativas actuales y futuras de la gestión huelva def copia</a> </strong> from <strong><a href=”http://www.slideshare.net/CristinaRieraJaume&#8221; target=”_blank”>Cristina Riera</a></strong> </div>

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¿Será que la empatía, los afectos y las palabras son armas altamente peligrosas?

“Si no insistimos en la importancia crucial de las humanidades y las artes las dejaran morir porque no dan dinero. Sólo sirven para una cosa mucho más valiosa: hacen del mundo un lugar en el que vale la pena vivir, con personas capaces de ver a los otros seres humanos como personas completas, con pensamientos y sentimientos propios que merecen respeto y empatía” (Martha Nussbaum)

Al estallar la crisis todo el mundo parecía coincidir en que no se trataba simplemente de una crisis económica, sino esencialmente de una crisis de valores. En este tiempo las desigualdades sociales se han agudizado como nunca, las libertades se han recortado hasta límites que jamás habríamos imaginado y los derechos de la mayoría han sido apropiados y mercantilizados por unos pocos.

El utilitarismo lleva tiempo imponiéndose en todas las facetas de nuestra vida. El capitalismo se basa en un individualismo sin tapujos y en la mercantilización de los deseos. Individualismo frente a una masa sin rostro.

En este contexto el conocimiento sólo tiene interés si es aplicable (Gabilondo) para la obtención de beneficios (económicos, se sobreentiende) directos. Se impone “una concepción cada vez más tecnocrática y mercantilista del conocimiento.”  (Campillo) . La filosofía queda relegada a un papel residual, vista su escasa “rentabilidad”. Incluso el ministro de Educación y Cultura ha llegado a afirmar que hay que  “inculcar a los alumnos universitarios a que no piensen sólo en estudiar lo que les apetece o a seguir las tradiciones familiares a la hora de escoger itinerario académico, sino a que piensen en términos de necesidades y de su posible empleabilidad“. 

Pero ¿qué entendemos por “necesidades”? El sistema cuenta con casi todas las herramientas en su poder para imponernos lo que debemos considerar nuestras “necesidades”, lo que debemos poner en nuestra lista de deseos. Se me ocurren pocos que no requieran dinero, dudo que sea casualidad. Pero a mí, si me hablan de necesidades vitales, una vez cubiertas las más básicas para una supervivencia con un mínimo de dignidad, se me ocurre todo lo que realmente da sentido a mi vida tiene que ver con el amor, con los afectos, pequeños instantes aparentemente insignificantes pero que quedan grabados para siempre…, y nada de eso se compra con dinero.

Entonces, de nuevo, ¿qué entendemos por “necesidades”, por “útil”? Si la economía es un medio para lograr vivir con un mínimo de comodidad, pero no un fin en sí mismo, ¿revisamos qué deberíamos cuidar para proteger aquello que realmente da sentido a nuestras vidas?

“La ficción del individuo moderno está construida contra las relaciones de dependencia. Y en realidad somos interdependientes.” (Marina Garcés)

Vivimos inmersos en la complejidad y riqueza de la vida en común. Pensamientos, formas de vida, sensibilidades e historias diversas conviven en un espacio compartido, en una compleja trama de interdependencias y redes de afectos que conforma nuestra existencia.

La capacidad de entender contextos y causas; la empatía para ponerse en la piel del otro, en toda su complejidad; el reconocimiento de las debilidades propias y ajenas y la necesidad de cooperación y relaciones de dependencia que de ellas se derivan; el pensamiento crítico capaz de descifrar mensajes que pretenden imponerse como inamovibles; dotar de sentido de responsabilidad de los actos de uno mismo y entender sus consecuencias en la vida personal y en comunidad , etc., parecen ser características que deberían ser potenciadas en una educación dirigida a cubrir nuestras “necesidades”, como bien apunta Martha Nussbaum en su libro “Sin ánimo de lucro”.

¿será que el sistema sabe que la empatía, la sensibilidad, los afectos y las palabras son armas altamente peligrosas?

 “el cultivo y desarrollo de la comprensión del otro es un enemigo peligroso para la moral grosera necesaria para aplicar programas de desarrollo económico que ignoran la desigualdad”. (Martha Nussbaum)

“Las sociedades en las que se pierde la sensibilidad cultural son más dóciles, más fáciles de manejar, son menos libres porque carecen de un discurso alternativo al dominante. Sin discurso, no hay manera de modificar la realidad. La realidad es producto del discurso. La realidad actual es producto del discurso dominante actual. De ahí su calamitoso estado.” “la realidad está hecha de palabras. Quien las domina tiene más capacidad de destrucción que un experto en explosivos”. (Juan José Millás

La cultura es reducida a bien de consumo, el pensamiento crítico a “maría”, los derechos sociales a mercancías (@RubenMartinez ) en el mercadeo de lo social y del alma (@JulenIturbe) , el bien común a beneficio individual, y la mercantilización de instituciones públicas y de los símbolos culturales vestida de correcta gestión económica (Follow the money, por @RafaMilan, Marchando una de gambas, por @lalitx  o Qui paga mana, de @JordiMartiGrau )

¿No hemos aprendido nada? ¿De verdad todo vale? ¿Seguiremos dejando que el dinero pueda comprar hasta el alma? ¿No estábamos de acuerdo en que el problema de la crisis era una crisis de valores?

Como afirma @JuditCarrera en El Malestar de la cultura, es necesario “reivindicar la cultura como motor de transformación social y de liberar un debate público secuestrado por la economía. Los momentos de recesión son siempre oportunidades para repensar nuestra manera de vivir, de relacionarnos y de imaginar el futuro, y las instituciones culturales son espacios de creación y aprendizaje privilegiados para la construcción de estos nuevos imaginarios. Son, en definitiva, espacios políticos de primer orden, al propiciar el encuentro, la representación y el reconocimiento, y la formación del pensamiento crítico.”

Si la cultura no sirve para reivindicar nuevas formas de pensamiento, de vida, de relación, para ayudar a fortalecer a una comunidad formada por ciudadanos activos, críticos, reflexivos, abiertos, empáticos, responsables, curiosos, será que realmente no hemos entendido nada.

Como dice @MarinaGarces en “Un mundo común”, “hay que dejar de contemplar el mundo para reaprender a verlo”.  

Pero aunque se esfuercen en minimizarlo, invisibilizarlo, algo está cambiando. Como anotaba Marina Garcés en su entrevista con @a_llado, algo está cambiando, “sabemos que no queremos vivir así porque ya estamos aprendiendo a vivir de otra manera.” Porque, recordando al 15M, “vamos poco a poco porque vamos lejos.”

Y para ello necesitamos los ojos abiertos, el pensamiento despierto, los afectos cuidados con amor, y construir juntos a paso lento pero cierto, desde lo más cercano, desde lo más pequeño.

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