La autogestión del caos. Reflexiones a partir del taller “Formas de gobernanza” organizado por Xarxaprod.

Hace unos días asistí a un taller sobre Formas de gobernanza, impartido por Amador Fernández-Savater y organizado por XarxaProd.
Amador inició el taller exponiendo algunos de los aprendizajes extraídos de la experiencia de tres espacios autogestionados como el 15M, Tabacalera y Campo de Cebada.
Experiencias extrapolables, compartibles con la gestión de otros espacios públicos, espacios comunes, de otros espacios culturales.
Aquí comparto algunas preguntas, reflexiones y notas a recordar que me llevé puestas a partir de su presentación y el debate posterior.

Espacios culturales como espacios políticos: Si entendemos la política como propuestas o formas de relacionarse con las cosas del mundo, los espacios culturales se convierten en espacios políticos. Lo que se juega en estos microcosmos son maneras de pensar cómo podríamos organizarnos en el mundo, laboratorios de exploración, de pensar otras formas de hacerse cargo de cosas comunes.
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Algunas características de estos espacios:
Lugares donde lo común trasciende polaridades como público – privado. Lugares de resonancias, de preguntas comunes.

Apertura como seña de identidad, sin fronteras duras y con permanente esfuerzo de invitación.

Multiplicidad: Espacios donde cabe una pluralidad de actividades que confunde nuestras categorías clasificadoras habituales.

Carácter reapropiable: Cuanto más reapropiable, sin grandes mediaciones ni protocolos, más vivo y complejo.

Espacios de estar: Espacios de vida, lugares de estar, pasar donde sea posible simplemente ir a estar, sin necesidad de consumir.

Espacios de deseo: Lugares donde el dispositivo permita que circulen los flujos de deseo.

Pérdida de control: Los espacios de vida son aquellos en los que hay que asumir una cierta pérdida de control. Son lugares interesantes como formas de experimentación de esa pérdida de control.

La autogestión del caos
¿Cómo organizarse entre desconocidos, cuando la indeterminación y la hetereogeneidad es muy alta, así como la complejidad de la experiencia? ¿Cómo convivir formas de vida muy diferentes, experimentar formas de vida desde la complejidad? ¿Cómo aprendemos a convivir con el caos que genera la porosidad, a entender e integrar el caos como riqueza? La realidad está hecha de impurezas. Si partes de tu ideal la frustración está prácticamente garantizada. El caos es reflejo del caos del mundo, de la pluralidad.

¿Pero cómo decidir sobre asuntos comunes cuando la complejidad es muy alta? ¿Cómo organizarse?

¿Quién decide?
Tensión en las formas de autogobierno propuestas. Las asambleas no funcionan, por muy democráticas que sean.

Existen formas de organizar cotidianamente los espacios que no se ven ni reconocen como formas de gobierno, formas de cuidado que se autoorganizan pero que no sabemos reconocer ni potenciar.
En el caso de las acampadas del 15 M, las asambleas ejercían un papel más simbólico que ejecutivo. Como organización dinámica de consensos, en las asambleas todo estaba perfectamente medido y estudiado (gestualidades, formas de consenso…), pero en realidad se decidía muy poco en ellas.

Algunos aspectos positivos de las asambleas:
1. Escucha y pensamiento colectivo, algo tan raro en nuestro día a día. Tomar su palabra como el comienzo de tu pensamiento, salir de los monólogos y enhebrar pensamientos.

2. Regalarnos colectivamente tiempo, con inversión radical de las prioridades. El tiempo se puede fabricar (en las asambleas todo el mundo tenía tiempo).

3. Ruptura de las lógicas de reparto de la palabra. Cualquiera tiene una experiencia particular a compartir.

4. Vocabulario compartido: respeto, horizontalidad

5. Ritual, ceremonia, como poderoso elemento de generación de sentimiento de comunidad: las asambleas actuaban más como un ritual para fortalecer el sentimiento de unión que como mecanismo de organización. El Asamblea era casi un teatro.

Algunos problemas de las asambleas:
1. Requiere consenso – simplifica: se presupone o requiere demasiada homogeneidad. Para compartir en asamblea y llegar a consenso unánime había que llegar a declaraciones de mínimos, además de ser un mecanismo muy poco ágil.
La Asamblea funciona en condiciones de homogeneidad de experiencia, de escala de valores, de formas de vida. La complejidad se incrementa cuando la hetereogeneidad se amplía y pierdes el control.

2. Centraliza el poder de decisión: Forma de gobierno centralizada, relativamente alejada del día a día.
Guerras de poder: Cuando se concentran las decisiones de poder en un solo lugar se generan luchas por la hegemonía.

3. La palabra termina por excluir a quien no la domina. Quien mejor maneja la palabra, más poder tiene.
“Los activistas blancos a los que os gusta hablar gobernáis el espacio”

4. La asamblea en ocasiones no es percibida como espacio legitimado común, sino como una tribu que pretende imponer la forma de decisión.
Peligro de disfuncionalidad de la asamblea y apropiación de la misma. Puede llegar a un momento de autorepresentación, de autolegitimación, con ruptura de diálogo arriba-abajo y rotación. Cómo articular un mecanismo de participación y de representación.
Quién otorga legitimidad. Quién se apropia de qué.

5. Palabra – acción, separados, distancia entre la palabra y el hacer concreto. La asamblea no se hacía cargo de los efectos de las decisiones (a diferencia de la organización de la vida del campamento).

Hannah Arendt: Los griegos inventaron la separación entre público (la palabra de los hombres “libres) de lo privado (la gestión de lo cotidiano, ligado a la necesidad, a cargo de mujeres y esclavos). Si existe necesidad no existe libertad.
Pero la separación palabra – acción / reproducción de la vida aún está muy presente en nuestra sociedad.

Sin embargo, más allá de las asambleas se construyó una pequeña ciudad más habitable, hospitalaria, con atención a las diferentes necesidades de la vida y a las diferentes formas de vida, con atención a los cuerpos, al cansancio, a la reproducción de la vida (y sin reparto por sexos). “Si un movimiento quiere durar, necesariamente tiene que preocuparse por el cuidado de la reproducción de la vida” (Silvia Federici).

La fuerza era la vivencia del propio campamento. “Vivíamos la vida que queríamos vivir.” Una experiencia de cuidados, de cooperación. La dimensión del campamento es la dimensión de la organización de la vida común (huerto, cocina, guardería, psicólogos, biblioteca…). Había comisiones de trabajo, cuyas conclusiones se compartían en la asamblea.

Pero de nada de todo ello se habló en las asambleas. “Era un ir adaptándose a la calle, a lo que se necesitaba”. A la secuencia convencional occidental: 1º Hipótesis – 2º ejecución. Deliberación – decisión – ejecución, se contraponía un constante pensar – hacer: Se piensa lo que se hace, mientras se hace, de acuerdo con lo que se hace.

Resulta significativo ver cuántos vídeos hay de las asambleas del 15M y qué pocos de la organización cotidiana de la acampada. Lo íntimo y común: “lo que no merece ser visto”.

Diferentes grados de vínculo pueden ser útiles, cualquier compromiso mínimo puede ser útil, sin poner un listón demasiado algo a la participación y el compromiso. Todo aporta si tenemos una concepción de participación abierta e integradora. Cualquier aportación es válida, es un regalo. Existe una alta multiplicidad de registros y de formas de participación posibles. Inclusión de otras capacidades humanas, de otras formas de acción, no sólo supeditado a la palabra.

Ingenuidad de la idea de armonía.
Al final el problema central y que nadie asumía era: ¿quién limpia el retrete?
De la importancia de mirar el espacio desde el WC.

¿Quién se encarga de lo común, de lo que afecta a todos, con visión de conjunto? ¿Cómo conciliar lo mío y lo de todos?
¿A quién pertenecen las paredes? ¿Quién puede decidir sobre ellas?
¿Cómo ejecutar decisiones como cerrar el espacio? ¿Quién decide los horarios de cierre? ¿Cómo calendarizar las actividades?

¿Cómo se cumplen las normas sin recurrir a la violencia, al castigo? La asamblea tiene poder legislativo pero poco ejecutivo.
Las mediadoras a menudo terminaban desbordadas. Los acuerdos se rompían una y otra vez, generándose una desconfianza que terminaba afectando a la convivencia.

Sin embargo existía una organización del día a día que sostenía el lugar.

¿Y si los espacios se gobiernan por los hábitos? ¿Y si lo que hay que cambiar son los hábitos, cómo se relacionan los cuerpos con nuestros espacios, no sólo la conciencia?
En nuestro esquema occidental todo pasa por la lógica, el pensamiento, la norma. El hábito es la relación entre tu cuerpo y el mundo, donde no interviene la ley.

Bordieu: El orden es inconsciente. ¿Cómo intervenir no tanto en la conciencia sino en otras prácticas, en los hábitos inconscientes?

Lo que cambia la realidad son los afectos, los hábitos, la relación cuerpo – mundo.
John Beasley-Murray: Cambian más los afectos que se constituyen en hábitos: “afectos congelados”, repetitivos.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195829

Ej. Los códigos éticos a menudo se quedan en papel mojado. Lo importante es incidir en los hábitos, en las prácticas.
El autogobierno depende de los hábitos, no tanto de lo discursivo.
Ej. El capitalismo se reproduce a través de los hábitos, mientras que desde el discurso sería fácilmente rechazado.

¿Cuando se cierra un espacio, quién lo siente como propio?
Colisión entre lo común (de lo que formas parte, que empodera, a veces vinculado al sentido de propiedad), y lo público (quien navega en él). ¿Cómo combinar el hecho de que todo el mundo tenga derecho a entrar a un espacio con el sentimiento de pertenencia, de apropiación?

Si haces cuerpo con el espacio, el espacio te afecta, deja de ser abstracto, para ser un lugar a cuidar.
Ej. En lugar de intentar convencer “gente joven, venid”, pon una cancha de baloncesto y vendrán.
Ej. Organización de “juntadas” para cocinar y limpiar como mecanismo de generación de comunidad y pertenencia.

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La cocina puede convertirse en un imprescindible elemento vertebrador, un lugar de convivencia y circulación.

(Jabuti) Generación de comunidad en torno a la bombona de butano, contra la ley del más fuerte. La cocina como centro de los problemas cotidianos y prácticos. Pensar en común mientras se cocina, con un pensar-hacer desde de lo habitable.

Importancia de los espacios informales, sin aspiración a gobernar el conjunto pero que son muy importantes para el conjunto. Los momentos de cañas son los espacios de confianza, de profundidad… La pregunta es si podemos gobernar sólo desde el momento de las cañas.

Cooperación y autoresponsabilidad por lo común.
Importancia de generar la conciencia de autogobierno, que los que habiten el espacio lo gobiernen.

Provocación de catástrofe como modo de activación de la autorresponsabilidad.
Ej. Cerrar el espacio para que surjan cuestiones como quién se hace cargo de las llaves.
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¿Sobre quién recaen las responsabilidades últimas? ¿Quién asume la responsabilidad de un crédito, de un accidente? Los procesos artísticos a menudo se basan en la transgresión.
La asunción de responsabilidades como arma de doble filo deber/poder.

¿Cómo se articula la gestión?
¿Son posibles modelos de cooperación sin un órgano/responsable de coordinación/gestión, sin un equipo de gestión al servicio de lo común?

Creación de bandas, agrupaciones en torno a afinidades compartidas. Pero siempre hay alguien de otra banda que te genera confianza, creando legitimidades en red (ya no asamblea como único lugar de concentración de confianza). Legitimidades distribuidas, multiplicidad para responder a la complejidad de la multiplicidad.

Es importante detectar y contar con aquellas personas capaces de ejercer liderazgos, de escuchar, sintetizar, empatizar, canalizar energías, posibilitar cambios. Lo importante es que no se constituya como liderazgo permanente. Que el reconocimiento no constituya autoridad. Liderazgos situacionales, para una situación concreta.

A veces mecanismos, modelos y herramientas de gestión pueden incidir en los hábitos y capacidad de participación y autogestión. Ver formas de automatizar la cooperación.
Ej. “Makers space” (Londres): 1000 socios sin órgano rector se organizan a partir de una wiki.
Ej. Usuarios con llave para acceder con libertad horaria en Hangar o La Caldera.
Ej. Software libre.

No cambiarlo todo no es excusa para no cambiar nada.
No porque habitemos una institución muy jerárquica no hay espacio para lugares más habitables, aunque sean de manera parcial. Aunque sean efectos micro, desde lugares materiales como la cocina. Generar efectos desde un punto, como la acupuntura. Posibilidad de injertar otra lógica, otra sensibilidad, un injerto de vida en algo más pesado.
La mejor manera de contagiar otra manera de hacer es contagiar un hacer, no tanto “enseñar”, propagar una manera de hacer.

A menudo las instituciones públicas delegan la responsabilidad. Hasta qué punto se despreocupan de la política pública, de su responsabilidad. Hasta qué punto se trata de desguazar lo público para que voluntarios se hagan cargo de ello. ¿No estaremos trabajando gratis para la institución y cumpliendo la función de otros? Lo amateur está desplazando a la profesionalidad. Voluntario profesional como nueva profesión que lava la cara de la institución.

Si se plantea hacer un polideportivo en el Campo de la Cebada ganamos un equipamiento público pero perdemos la manera de aprender de forma colectiva. ¿Cómo pensar espacios de convivencia, espacios híbridos de gestión?

¿Cómo sedimenta, qué registro, qué balance, qué pensamiento queda?. A veces es bueno que las cosas duren para que se transmita el saber, que se pueda recuperar la experiencia, ese poso, ese aprendizaje, en lugar de empezar cada vez de cero. No podemos permitir que se desmantele todo cada vez. Los fracasos también pueden ser productivos si se registran. Registrar es elaborar, escuchar, interpretar, no sólo poner una cámara. Que la gente que vive las cosas piense las cosas.

Alguna documentación más:
http://revistaalexia.es/campo-de-cebada/
http://latabacalera.net/c-s-a-la-tabacalera-de-lavapies/dossier-csa-la-tabacalera/
http://blogs.publico.es/fueradelugar/1188/la-tabacalera-primer-ano-de-vida

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Hasta la muerte nos han robado

Hace unos días tuve que regresar a uno de esos lugares fabricados para comerciar con nuestro adiós y con nuestro dolor más profundo. Arquitecturas lúgubres para muertes en serie, despedidas en serie, palabras y músicas a la carta, flores a la carta, y ruinas familiares a la carta. En una sociedad en la que se la vida se compartimenta en segmentos de consumidores perfectamente controlables, donde los niños, ancianos y enfermos son un estorbo para la productividad, la eterna juventud en cuerpos impolutos y prefabricados es el ideal al que aspirar y la vejez algo a que apartar, la muerte se convierte en un negocio infalible, el último bastión de un capitalismo sin escrúpulos. ¿Quién es capaz de cuestionar nada cuando apenas es capaz de sostenerse en pie, cuando parece no haber más opción que resignarse y dejarse llevar?

Aún recuerdo mi primera vez. Apenas conocía a la difunta, pero no pude dejar de llorar desconsolada de tristeza, rabia e impotencia ante la crueldad de despedirla así de este mundo. Hace unos días volví a asistir a otra de esas ceremonias en las que reconoces las músicas, los gestos, los tonos, las mismas frases hechas. Entonces mi amigo con voz sosegada y tranquila pero firme salió para recordar a su madre. Tozuda, dura, una mujer de carne y hueso, que amó como supo. Habló de un amor puro y verdadero, aunque no respondiera a la forma de amor contemplada en el guión. No hubiera querido estar en el lugar de la maestra de ceremonias. Fue una bofetada de realidad llena de amor. Yo hice un esfuerzo titánico para no saltar a llenarlo de aplausos, besos y abrazos de orgullo.

Hoy encuentro una reivindicación poética y llena de vida de la muerte que nos han robado de la mano de Marc Sempere “Perdre el vetlatori és perdre una gran batalla, és perdre la mort.” @Telegustet y de Elena Fraj “Morir, lo no previsto”  @lajele. Ellos lo explican mucho mejor que yo. No conocía a Esther ni a Pablo Molano, pero gracias por devolverle la vida en su despedida.

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Barris en Dansa

“Imagina un lloc on moltes persones desconegudes s’uneixen per crear conjuntament una peça artística on el més important són elles mateixes. Les seves vivències, el què senten. Aquí ningú era més que l’altre, cadascú alliberava del cos les seves més mervelloses virtuts. Les mostrava al món, un món que desde fora podia captar la màgia que voleiava per l’escenari, i aquest les escoltava. Perquè és això dansaires, hem aconseguit sense adonar-nos crear una lliçó de vida. Ja no existeixen els prejudicis, s’esfuma l’egoisme, la llàstima, el despreci. Res d’això té cabuda al nostre petit univers.Hem crescut a passes de gegant. Els més petits afrontaran el camí amb una altra mirada, els més grans rectificaran i donaran la volta a les situacions.” (Aida)

…mientras algunos nos llenamos la boca de activismo de sofá, otros se debilitan entre luchas y postureos, se disputan butacas mientras muestran sin pudor su desvergüenza, nos roban los derechos y el mercado marca las reglas del juego, en la calle la vida real sigue. Los “nadie” siguen construyendo y sosteniendo el mundo y nuestro “nosotros” de forma invisible y silenciosa entre el barullo ensordecedor en el que pretenden perdernos.

Barris en Dansa

Desde hace ya unos años, Alvaro de la Peña provoca encuentros entre personas de diferentes barrios de la ciudad. Personas diversas, sin importar procedencia, edad o condición. Personas libres y abiertas. El objetivo aparente, crear juntos una pieza que se presentará en diferentes barrios y teatros de la ciudad. El resultado, una comunidad de personas que poco a poco aprenden a liberarse de etiquetas, de prejuicios, a expresarse libremente, a crear complicidades, a quererse y a querer. “No es un proyecto inclusivo, aquí estamos todos incluidos.” “Un proyecto para gente inocente” en un mundo donde la inocencia es rechazada. Un lugar donde los egos y los miedos no tienen cabida, sólo el respeto, el cariño y la emoción compartida y sincera. Un espacio donde explorarse y descubrir lo más escondido de uno mismo, y ayudar al otro a hacer brillar lo mejor de sí. Donde aprender a vivir y a crecer juntos, lleno de sonrisas cómplices y felices, donde sorprenderse y dejarse sorprender. Regalarse y regalarnos un momento de vida llena de alegría contagiosa e indestructible. “Transmitir emoción es fácil cuando te llenan tanto.”
Poco a poco van tejiendo a partir de sus búsquedas, reconociendo la riqueza de sus diferencias, aquello que cada uno tiene de único y mágico. Encontrando entre todos el lugar de cada uno para construir juntos un movimiento imparable. Libres, sin complejos, sin miedos, sin límites.
Y así van tejiendo comunidad, una gran familia, un entorno en el que crecer juntos sin prejuicios y desde el cariño compartido. Desde la fuerza de la confianza ciega en el otro, en el nosotros que han construido juntos.
Fuera la vida sigue su ritmo absurdo y ciego donde las emociones y los cuidados son un estorbo. En su interior un pedazo de vida pura y un nosotros que nadie les va a poder quitar, que nadie nos va a poder quitar.Gracias a todos por tanto.

“Barris en dansa, famílies en dansa, amics en dansa, la societat dansa i quan dansa no hi ha qui els pari.” (Alfons)

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(foto de Alfons Sánchez)

para seguir más de cerca el proyecto, Barris en Dansa en Facebook

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¿cómo interiorizar la experiencia cuando te empuja la corriente?

A veces simples esbozos de conversaciones se entrelazan, y pasas de recordar quién te invitó a leer ese estupendo libro que desde entonces te acompaña a quién te llenó de magia la visita a un museo …y un agradecimiento: siempre hay una persona admirada y querida y un momento de dedicación personalizada tras cada “experiencia cultural” que realmente recuerdo como especial.

Anoche @Bagdadcafebcn me recordaba esta entrevista a Borja-Villel, en la que, en un contexto de máxima contradicción personal ante la exposición dedicada a Dalí en el Reina Sofía, lamentaba la “conversión del público en una masa “sumisa”, adoradora de líderes y dioses, cuyos “actos tienden a la sumisión, no a la emancipación.”

En los últimos tiempos hemos visto rebrotar con fuerza exposiciones retrospectivas de grandes clásicos de ayer y hoy, carteles de festivales musicales dominados por aquellos grupos que te hacen sentir eternamente joven… Éxitos numéricos asegurados para tiempos de crisis en los que las ayudas públicas menguan y la taquilla y los patrocinadores mandan. Malos tiempos para la experimentación, el riesgo, la investigación y la reflexión en las grandes instituciones y eventos. Dejad paso al Capital. Dejad que las masas se acerquen a mí.

…y de pronto me encuentro viajando a mi adolescencia. Llego a casa entusiasmada tras  una sesión del curso sobre Velázquez al que me he apuntado. Taladro a mi padre con todos mis aprendizajes del día, impaciente por compartirlos con él. Mi padre sonríe mientras escucha paciente.

Poco después se inaugura la gran exposición retrospectiva sobre Velázquez en El Prado, una de las primeras grandes exposiciones para masas, que “será vista por 800.000 espectadores…” rezan los titulares. Mis padres deciden que es importante que pueda disfrutar en vivo de lo que estoy estudiando. Yo no quepo en mí de agradecimiento y alegría ante su generosidad y esfuerzo.

Salimos casi de madrugada para llegar a primera hora a El Prado. Ni así logramos esquivar la imposible cola que rodea el museo. Mis padres deciden que ni tiene sentido esperar tanto tiempo si difícilmente la vamos a poder disfrutar con tanta gente. De todos modos la mayor parte de los cuadros están permanentemente en El Prado, me dicen para tratar de consolarme. A regañadientes acepto a visitar primero el resto del museo y en todo caso reintentar más tarde.

25 años más tarde soy prácticamente incapaz de recordar mi visita a las salas de Velázquez. Sólo alguna imagen vaga torturando a mis padres con mis seguro que torpísimas pero entusiastas explicaciones sobre la perspectiva aérea, los juegos de miradas… pobres…

De lo que sí me acuerdo, con una intensidad punzante que me invade y remueve cada vez que regreso a ellas, es del escalofrío de descubrir la emoción pura que llenaba de brillo los ojos de mi padre frente a las pinturas negras de Goya. Yo, por respeto, observándole casi de reojo, pero llena de admiración y felicidad silenciosa, intuyendo que era uno de esos momentos mágicos que se quedarían para siempre conmigo. Mientras el gentío abarrotaba las salas de Velázquez, mi padre y yo vivíamos ese pequeño pero eterno momento íntimo y tranquilo entre pinturas negras.

Años más tarde, cuando veo (y sufro) colas interminables para acceder a exposiciones o conciertos en los que será materialmente imposible disfrutar de nada con un mínimo de sentido, me pregunto si son movidos por una necesidad imperiosa de vivir una experiencia realmente única (en ese caso sufro por la posible decepción), o bien han quedado atrapados por el poder de la comunicación y del imán del “efecto cola” (ese “gente atrae gente”), o quizá son empujados por una especie de necesidad de autoafirmación de identidad, ese sentimiento de pertenencia tribal, ese formar parte de a partir de la presencia compartida, ese “yo también estuve allí”.

Hay que ver qué bien sienta la era del selfie al maquillaje de conciencia de las grandes corporaciones a partir de propuestas culturales legitimadas a peso… Pero ¿cómo profundizar e interiorizar la experiencia cuando te empuja la corriente?

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p.d. perdón, creo que simplemente necesitaba agradecer a todas aquellas personas que me han dedicado un momento de calma para regalarme experiencias preciosas que dan color a la vida.

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esta es una declaración de amor

esta es una declaración de amor, esperanza y orgullo. Sonará pomposo y cursi, me da exactamente igual.
“¿Cómo reaccionará gente tan joven, de otra región y lejana a la problemática minera?”, me preguntaba Marcos Merino, director de ReMine, antes de empezar la proyección en L’Alternativa. …emocionados y aplaudiendo apasionadamente, y yo con escalofríos de emoción al verlos.
Porque serán jóvenes de una ciudad lejana a Asturias, difícilmente tendrán experiencias cercanas a la minería, pero son muy capaces de estremecerse y aplaudir ante la dignidad y el ejemplo de la lucha colectiva de trabajadores defendiendo sus derechos y su futuro. Porque es la lucha de un “nosotros” ante la explotación de unos pocos. Y a mí se me llena el corazón de esperanza y orgullo ajeno, y rompería a aplaudirles a todos.
Compartir unos días al año con personas inquietas, que no se conforman  con relatos lineales y controlados; que son capaces de dejarse llevar y apreciar los resultados de apuestas y búsquedas personales a veces imperfectas, a veces pequeñas joyas, pero siempre comprometidas con la libertad expresiva, con la ampliación de perspectivas, me llena de esperanza y alegría.
Gracias, de verdad.

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porque barrio no es un concepto geográfico

Esos lugares de la ciudad donde refugiarte de las prisas de la calle, donde ralentizar el ritmo para recuperar el tiempo necesario para dejarte llevar, de explorar sin objetivo necesario, de perderte en el puro placer de la conversación, de enriquecerte con la simple escucha, donde sabes que alguien está dispuesto a escucharte a ti…. Esos espacios de referencia en la ciudad a los que te agarras para dibujar tu propia identidad. Esos portales en los que sabes encontrarás la seguridad y el cuidado del cariño del día a día. Esos puntos que crean el mapa de tu ciudad personal, de tu ciudad emocional… Porque barrio no es un concepto abstracto, una simple delimitación cartográfica, sino una suma de emociones y vivencias compartidas, un intercambio de sonrisas y de buenos días.

Jamás seré capaz de sentirme en casa en un no lugar. Y no me resigno a que la presión neoliberal desaloje a los ciudadanos de su propia ciudad, a que borre los puntos de referencia de su ciudad emocional. A que los intereses puntuales de una minoría arrasen para siempre con la identidad de la ciudad. Ellos marcharán, pero la ciudad jamás volverá. Nadie logrará hacerme creer que es progreso convertir la ciudad en un lugar sin alma.

La Llibreria Sant Jordi fue uno de los primeros lugares que me ofrecieron refugio y calor al llegar a la ciudad. Me niego a dejar que muera sin luchar por ella.

Hace una semana empezamos a recoger firmas para tratar de salvar la librería de una legislación y de una dinámica que deja la ciudad en manos de un mercado neoliberal desenfrenado, que arrasa con nuestro patrimonio, con nuestros espacios emocionales, que destruye la diversidad necesaria para hacer habitable la ciudad. La respuesta recibida nos hace entender que no estamos solos, que es la lucha de un “nosotros” que se siente desplazado. Gracias, muchísimas gracias por todo vuestro apoyo. Nadie jamás podrá quitarnos el regalo de vuestro calor. Seguiremos luchando hasta que podamos.

Si queréis mostrar vuestro apoyo #suportStJordi aquí podéis dejar vuestras firmas y comentarios. Muchísimas gracias.

srjoanfilmacio

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Menos emprendeduría y más ideología

Error de título…, como si el concepto emprendeduría no estuviera cargado de ideología.

Nos encontramos un grupo de gente en la Universidad de Huelva, invitados por la Universidad de Cádiz con motivo del Seminario Internacional del Observatorio Cultural del proyecto Atalaya para debatir sobre “Formación y gestión cultural.”

Un pensamiento compartido: “para qué”. Como bien apuntaba Fátima Anllo, recordando al gato de Cheshire, al plantearnos cómo deberían enfocarse los estudios de gestión cultural, si no sabemos hacia dónde queremos ir, qué más da qué camino tomemos.
En un momento en el que el discurso de las industrias culturales parecía por fin ser puesto en evidencia, cuando parecía ya asumido que no pasamos de manufacturas artesanas (decía un día @idealibros) que requieren ser subvencionadas para sobrevivir, y cuando sólo ciertos estamentos se aferraban a la idea de industria como supuesta legitimación del papel de la cultura y como a su última tabla de salvación en mitad del naufragio, cuando parecía que por fin no quedaría más remedio que devolver a las personas y a la cultura el papel que le corresponde, ataca con fuerza el concepto del emprendedor cultural. De pronto el gestor cultural se convierte en emprendedor cultural. Emprendedor a la fuerza, porque el paro se le terminó, porque nunca tuvo derecho a él, porque las instituciones públicas cerraron sus puertas y porque las empresas tienen carta blanca para imponer condiciones inhumanas. Emprendedores empujados a tratar de cubrir los servicios que dejaron de ofrecer las instituciones públicas. Emprendedores cómplices del desmantelamiento del servicio público o de ciudades convertidas en “smart cities” para “start ups” “emprendiendo” en “coworkings” y “viveros empresariales”. Emprendedores lanzados de nuevo al neoliberal mundo de la competición individual entre marcas, ahora personales, y que serán responsables de sus fracasos, cuando las condiciones del entorno hagan inviable sobrevivir de su trabajo. Y trabajadores culturales que también serán acusados de parásitos sin ambición si no se suben al carro de la emprendeduría. El brillante “timo del emprendedor cultural”, como explicaron ya mucho más lúcidamente Jaron Rowan y Rubén Martínez.

Como decía en Huelva Juan José Téllez, “estamos viviendo la privatización de lo que creímos imprivatizable. Lo público se ha ido adelgazando y la institución pública sometida al capricho del mercado. Del imaginario de necesidad de conocimiento como derecho democrático hemos pasado a un humanismo sujeto a las reglas del mercado. Corren malos tiempos para las humanidades. Bienvenidos al libre mercado.”

Y frente a ello, un tejido de trabajadores culturales que ya no saben si sentirse parte de la resistencia que lucha por defender a contracorriente y a la desesperada el papel de la institución pública y el derecho a la cultura pública, si sentirse cómplices por seguir tirando adelante proyectos que sin autoexplotación no podrían sobrevivir, si desistir de vivir de su trabajo, o incluso cuestionándose si tiene sentido su trabajo.

Como recordaba José Lebrero, “los procesos de duelo son una cosa seria que se iniciar por una fase de desconcierto, seguida de rabia, inseguridad, falta de autoestima, fase de desesperanza (“nuestro ser querido no volverá” “esto no volverá”) y finalmente una fase de reorganización de la propia experiencia, avanzando en la reconstrucción y en la búsqueda de nuevos significados.” Probablemente muchos de nosotros hemos vivido varias de estas fases ante la caída de principios que creímos inamovibles, o no tenemos claro en qué momento nos encontramos. Si asumir el duelo o batirnos en duelo, ante la caída de nuestros derechos y del bien público. Pero sin duda alguna es momento de revisar y replantear cuál debería ser nuestra función, y a partir de ahí reformular también la formación necesaria.

Y alzando su voz, una ciudadanía a la que el discurso de que “la cultura no es un lujo”, cuando se la ha relegado a un papel de consumidor masivo pasivo de productos resultantes de las industrias culturales, miembro de un rebaño computado en aras de una supuesta legitimidad cuantificable y a corto plazo, y de sufridor de estrategias de ciudad en los que forma parte del decorado, le resulta más bien lejano, si no directamente cínico.

…¿cuál puede y debe ser el papel del gestor cultural en este contexto? A mí siempre me quedó muy lejano el concepto de gestora, jamás logré identificarme con una etiqueta que adopté por defecto, por pura comodidad, supongo, pero que siempre estuvo cargada de una clara connotación economicista. Pero las palabras construyen realidades, y cuando la realidad entra en crisis, es el momento de cuestionar y reconstruir su sentido. De gestores a sugestores, a mediadores (no entendido como herramienta de neutralización de conflictos, sino como facilitador de diálogos), a activadores, a provocadores, a facilitadores, a posibilitadores…

Decía Fernando Vicario que en Latinoamérica entienden que el gestor cultural tiene que dedicarse a cómo se dialogan los disensos, porque los consensos ya se gestionan solos.

Una formación de gestión cultural en la que se asuman el conflicto y el disenso como parte inherente, imprescindible y enriquecedora de la vida en comunidad. Una formación que fomente el cuestionar lo aparentemente incuestionable, el pensamiento crítico ante la imposición de ciertos valores y dinámicas, y la corresponsabilidad del gestor cultural en la legitimación de determinados procesos. Una formación que devuelva la importancia de la utopía. “La cultura es una arma cargada de futuro”…, ¿pero con qué futuro queremos cargarla? Ya desde el inicio de la crisis quedó claro que no se trataba tanto de una crisis económica como de una crisis de valores. Y toda gestión refleja unos determinados valores, una ideología, una forma de entender la vida y sus prioridades, las relaciones, los derechos y las responsabilidades. “Hay que liberar a la gestión de ideología”, como si la presunción de la posibilidad de una gestión objetiva no estuviera impregnada de ideología. ¿Qué transmitimos a través de una gestión “impecable” desde una perspectiva economicista, si con ella reafirmamos la idea de “quien paga manda”? ¿Si tanto da si se priva de sus derechos a los ciudadanos para poner alfombra roja a la opulencia presuntuosa y de procedencia como poco dudosa? ¿si no importa vender el alma de los proyectos, los ciudades y sus ciudadanos si los números resultan satisfactorios, por supuesto sin preguntarnos para quién?

Una gestión comprometida y responsable. Una formación con menos gestión y más ideología.

Y una gestión con menos eficiencia y más pasión. Porque si hablamos de cultura hablamos de comunicación entre personas, de emociones, de relaciones, de pensamientos… Y para todo ello nada más eficiente que la pasión, el cariño, la cercanía, la ilusión, el diálogo y la reflexión compartida. No hay futuro posible sin cuestionar y construir desde el presente. La ciudadanía ya ha empezado a despertar y a salir a la calle a reclamar su derecho a decidir y construir su futuro y su forma de entender la cultura y la vida en comunidad. Es el momento de escuchar y arremangarse.

…¿qué me llevo yo de Huelva? La reconfortante sensación de compartir visiones entre “gestores culturales” de diferentes generaciones y posiciones, la escucha atenta y llena de mutua curiosidad cuando ya no la esperas, preocupaciones, ilusiones y convicciones compartidas, el  placer de aprender sin querer dejar perder una palabra… Y el recordar que no hay nada más “eficaz”  que un bonito, sabio y sencillo relato, cargado de contenido valioso y transmitido sin pretensiones, como bien nos recordaron con el ejemplo en Huelva,… y que el día que pueda abandonar los power point, los prezi y otros comodines, y que menos es más, quizá habré aprendido algo…, mientras tanto aquí dejo sonrojada algunas de mis notas de apoyo, por si a alguien le pueden interesar.

<div style=”margin-bottom:5px”> <strong> <a href=”https://www.slideshare.net/CristinaRieraJaume/necesidades-formativas-actuales-y-futuras-de-la-gestin-huelva-def-copia&#8221; title=”Necesidades formativas actuales y futuras de la gestión huelva def copia” target=”_blank”>Necesidades formativas actuales y futuras de la gestión huelva def copia</a> </strong> from <strong><a href=”http://www.slideshare.net/CristinaRieraJaume&#8221; target=”_blank”>Cristina Riera</a></strong> </div>

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